Miércoles, Diciembre 13

Pride Parade Vancouver: Amor sin prejuicios

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Un hombre con barba, pechugas y dos estrellas amarillas. Sí, ese fue mi primer shock de libertad humana que tuve en Vancouver mientras hacía shawarmas en un local turco. Estuve más de tres años trabajando en el famoso Donair Dude, ubicado en el corazón del “barrio gay” del centro de Vancouver y debo reconocer que mi “aceptación” y conocimiento sobre la homosexualidad era totalmente diferente antes de irme.

Nunca antes tuve el privilegio y la oportunidad de conversar largo y tendido sobre sus derechos, de cómo se sienten y de, por un momento, entender. Y es que aún es tema, el que por suerte hoy ha ido evolucionando a nivel mundial, aceptando matrimonios homosexuales y logrando una conciencia social de que todos somos iguales.

ImagÍnense mi cerebro cuando en el mes de agosto del 2013 me enteré que se venía la celebración del Pride Parade, obviamente estuve en primera fila esperando este evento que tanto me recomendaron. Llegué un poco tarde y mi primer shock fue darme cuenta que ya era casi imposible encontrar un espacio entre tanta gente que incluso reservaba puestos en las calles.

Adultos mayores, familias completas, niños pintados y mascotas disfrazadas, ese era el ambiente fiestero en donde la bandera gay está por todos lados durante una semana. Y es que hasta el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, estuvo presente en el desfile del año pasado.

Mi segundo shock visual y mental fue cuando comenzó el desfile. Para que imaginen, es un evento por las calles en que varias empresas, instituciones sociales, culturales y de prestigio celebran la igualdad de derechos en carros alegóricos, bailes y con harta coreografía. Para mí, la mejor fue la policía. Es heavy ver a policías musculosos (a los que se les respeta por pura presencia) de la mano con sus parejas, bailando y siendo animados al máximo por todos los espectadores.

Pero no termina ahí, esa misma semana se hace una fiesta en la calle Davie (donde yo hacía los shawarmas) donde se corta el tráfico y la gente celebra entre escenarios con música y stands que, además de vender poleras y recuerdos, informan a los asistentes sobre el tema.

Ese día también hay desfiles de transformismo, sobre todo en las noches. Qué talento de los hombres de transformarse en personajes y mujeres voluptuosas. Algunas con su toque cómico, que me dieron risa, y otras que envidié de lo estupendas que quedaban. Mi tercer shock fue darme cuenta que mi cliente frecuente y vecino de donde yo trabajaba, entró a saludarme a mi trabajo vestido de Rebecca Wolf, su personaje femenino al que tuve el honor de ver y escoltar hasta uno de sus shows.

West End es el nombre de barrio donde hay respeto, los paraderos de micro y los basureros en Davie street son color rosado, y existe un cruce peatonal, en la esquina de mi ex trabajo, que tiene la bandera LGBT pintada todo el año. No podría explicar qué pasó en mi cabeza, quizás sólo me acostumbré y pasó a ser algo normal el celebrar durante mis cuatro años en Canadá el día del amor sin prejuicios ni restricciones. Me gusta pensar que es un cambio social, donde los mismos ciudadanos dejan de hacer tema de algo que no es tema y simplemente respetan la libertad de el que está al lado.

 

 

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