Miércoles, Diciembre 13

Año Nuevo Aymara: Una experiencia extrema

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Para esperar la salida del sol tuve que subir un cerro a oscuras a una temperatura que no superaba los 4 grados Celsius. Esto, entre las 4 y las 6:25 am, siendo la altura lo más difícil, ya que estábamos a 4.568 metros sobre el nivel del mar y la necesidad de aplicar resistencia física era fundamental porque estábamos contra el tiempo para llegar a la cima.

Marcada por un conflicto entre las comunidades Aymarás de la zona, la celebración que año a año se realiza en la Isla del Sol ( lugar ceremonial donde se anuncia el comienzo de un nuevo año, en este caso el año 5.525), estuvo marcada por la casi ausencia de extranjeros y el privilegio de contarme entre una de las pocas participantes. Recuerdo la subida a oscuras, sintiéndome una pantera, con cautela y esperando el aviso desde arriba de quienes ya se encontraban en la cima. No eran días fáciles. Y yo, a ratos, me sentía infiltrada.

El momento más importante es la salida del Tata Inti, a las 6:30 am, instante en que los dirigentes, chamanes bolivianos y asistentes tanto de la zona como extranjeros, elevan sus manos al cielo para conectarse con el Mundo de Arriba y recibir la salida del astro que marca el inicio de un nuevo año. La ceremonia es hermosa y está marcada por los bellos colores del nacimiento del sol, el frío viento que corre en la cima y el silencio antes del comienzo de la ceremonia.

El momento en que el Sol sale marca la importancia de este rito para las costumbres de los pueblos originarios del lugar, ya que es la energía de este elemento cósmico el que hace que las cosechas prosperen, que la abundancia se manifieste y que las intenciones y deseos de todos puedan ser enviadas a los espíritus del Universo. Doy fe que cuando mis manos se enfrentaron al Inti Sol, un escalofrío recorrió mi cuerpo y la energía del nuevo año se manifestó en mí.

La manera más común de elevar estas intenciones del año nuevo aymara es a través de la mesa. Un ritual en que el taita o chamán materializa cada una de las intenciones de los asistentes mediante figuras sagradas hechas con azúcar, las que luego de ser bendecidas son ofrendadas al espíritu del Fuego para que las eleve al mundo de arriba. En la mesa también se incorporan hojitas de coca, que más allá de ser una hierba, es un instrumento sagrado para manifestar intenciones y rezos a los espíritus.

Según la mayoría de las cosmovisiones andinas de los pueblos originarios de Chile, Perú y Bolivia, existen tres mundos: el Mundo de Arriba, que es un lugar etéreo, pero con mucho poder y donde están los espíritus cósmicos; el Mundo del Medio que es aquel equivalente al mundo humano y el Mundo de Abajo, donde están los espíritus subterráneos. Cuando hablamos de espíritus en el chamanismo no tiene que ver con muertos ni con fantasmas. Para los pueblos originarios todo es espíritu, desde una hoja, una gota de agua o el viento, hasta la cordillera, el mar o el mismo cielo infinito.

 

 

 

 

 

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