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¿Cómo es vivir una sanación chamánica?

¿Cómo es vivir una sanación chamánica?

Hace frío y es de noche. Estoy en una zona campestre cercana a Rancagua esperando que llegue el Mamo Lorenzo, chamán colombiano de la Sierra de Santa Marta, para que me haga una curación en una sesión colectiva. Aquí va mi experiencia. 

Nos citaron a las 21:30. Una hora después nos hacen pasar a una ruca y nos sentemos en las sillas allí dispuestas. Opto por un piso de plástico negro. Acto seguido entra el ayudante del chamán y nos ordena sacarnos los zapatos y los calcetines, luego nos coloca unos objetos redondos debajo de los pies y se va.

Lo que sucede a continuación es una sucesión de imágenes de mi nacimiento, con edificios que hablaban y reseteos de mi cerebro, segundos en lo que éste se quedaba totalmente en blanco. También ví imágenes de animales y de la selva, todo esto con el persistente sonido de un pájaro que sonaba detrás de mi cabeza. Una y otra vez.

Con el paso del tiempo mis pies se congelaban y pude ver cómo toda la gente salía y yo me iba quedando sola, hasta que en un momento comienzo a toser de manera desesperada, sintiendo que algo salía de adentro de mí, mientras mi corazón latía fuerte y el frío en mis pies se hacía cada vez más intenso.

Me dan un tazón de agua caliente, me pongo los zapatos y luego de diez minutos me hacen salir y ponerme en la fila para la segunda parte de la curación, en la que el chamán trabaja directamente contigo. Lo que más me sorprendió al salir de ahí fue ver el cielo de un color púrpura intenso y observar cómo se armaban las constelaciones del cosmos y bailaban para miíen una danza equilibrada y armónica.

Me sentí una sola con el Universo de manera instantánea. Cuando llegó mi turno para la curación directa, me senté en una silla de espaldas al chamán y no sentí nada, sólo pequeñas brisas que corrían sobre mi cabeza, hasta que en algún momento, mi espalda se tensó y sentí que me sacaban una enorme cuerda de la columna vertebral.

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Pude “ver” esa cuerda y era gruesa, de color crudo y muy larga. Cuando la cuerda salió de mi espalda, sentí un alivio instantáneo, de alguna dolencia que quizás desconocía. Me despedí y le di las gracias, pero él estaba en un trance profundo y tenía los ojos en blanco.

Esto fue un domingo y estuve mareada hasta el miércoles a mediodía. Puedo dar fe que luego de esta curación mis habilidades chamánicas se potenciaron, así como también el contacto con mis espíritus, ya que soy particularmente sensible.

Todavía tengo una sensación extraña, como si ese día hubiese estado dentro de un túnel del tiempo, en el que entró una persona y salió otra que si bien era la misma, algo en su interior había cambiado.

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