Miércoles, Octubre 17

Psicología: Las consecuencias de reprimir tus emociones

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​Nos han enseñado que para ser mujeres exitosas tenemos que reprimir nuestras emociones. Lo que es totalmente falso. 

En varias ocasiones he escuchado que las mujeres somos “emocionales”, como si esto fuese una desventaja a nivel profesional. Y, justamente, en este punto me quiero detener. En primer lugar, ¿existen personas “no emocionales”? estoy segura que no, pues la emocionalidad es intrínseca a nosotros como seres humanos.

Y en segundo lugar, y creo este es el punto más importante, ¿quién dijo que sentir y estar en contacto con nuestras emociones es malo?. Siempre digo que las emociones son una tremenda herramienta, son una guía y brújula para tomar decisiones acertadas y coherentes con lo que queremos y lo que somos.

Es importante tener claro que cuando  ignoramos nuestra emociones  se genera un efecto “olla de presión”. Es decir, que los sentimientos salen en forma desmedida a lo que sucede en el momento generando mayores repercusiones. Como decía Sigmund Freud, uno de los padres de la Psicología, :  “Las emociones no expresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde en formas más feas”.

Si aprendemos a ser conscientes de nuestras emociones y  a conectarnos con ellas, las usaremos de mejor forma volviéndose nuestras aliadas. Cuando estamos conscientes de ellas, no encontramos más tranquilas, abiertas a escuchar, a aprender, somos más empáticas, establecemos límites, nos advierten cuando debemos tener cautela, nos permiten reparar y reflexionar.

Es increíble el mundo de posibilidades al que nos abrimos cuando escuchas tus emociones. Y hoy me gustaría detenerme en una emoción que a nosotras las mujeres se nos hace difícil de conectar y manejar. La temida RABIA.

Por los roles atribuidos a lo que implica “ser mujer”, hemos sido educadas hacia la complacencia y condescendencia, nos han enseñado que las necesidades de otros están antes que las de nosotras, que debemos ser “buenas y empáticas”. Nos han enseñado que las mujeres no debemos sentir rabia, esa es cosa de hombre y se resuelve a combos.

Si sentimos rabia somos “poco empáticas”, “somos malas”, “somos agresivas”, “somos conflictivas” y eso no es de mujeres. Y así, apagamos el semáforo que nos muestra cuándo poner límites y cuándo decir que no. Hay veces que nos alejamos de una amiga que nos guía y nos enseña a auto afirmarnos, que nos conecta con la importancia de nuestras necesidades y nos peleamos con la RABIA.

¿Y, qué  sucede? Por negar lo que sentimos esto no desaparece, simplemente se acumula, genera frustración, ansiedad, irritabilidad y luego, ante el más pequeño estímulo, explotamos desproporcionadamente. Entonces aparece la culpa y para reparar la negamos nuevamente y volvemos al círculo vicioso de acumular hasta explotar.

Entonces la invitación es que aprendas a detectarla antes de que llegue a rojo, que expreses sin agresión tus límites o molestia, que digas no, que no te sobrecargues de trabajo si crees no corresponde, que te animes a negociar ese sueldo que sabes mereces, que exijas el trato que sabes mereces, como señal de respeto a ti misma.

¿Te animas a amigarte con la rabia?

 

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